jueves, 17 de abril de 2014
Ausencia de Claribel (Publicado el 23 de marzo de 1985, El Diario de Hoy. San Salvador, El Salvador)
Ella tenía quince años y yo dieciséis
pero ya éramos novios ingenuos,
con dulce candor infantil,
sin dobleces, sin engaño,
como aquellos novios de antaño,
allá en el barrio Candelaria,
cerca del templo parroquial.
Era aquel un barrio de gente sencilla,
de beatas madrugadoras, pero sinceras,
de auroras con pinceladas de miel.
¿recuerdas Claribel?
Fue allá por mil novecientos veintiséis,
Claribel era una ardiente morena,
maravillosa estampa de mujer,
mariposa inquieta en su vergel
¿recuerdas Claribel?
Al Chamarro me decía presuroso:
fúgate con ella, no seas baboso,
pero le tenía miedo cerval
a tu padre, un bizarro coronel,
¿recuerdas Claribel?
En las fiestas de Candelaria,
un diablo - un payaso irreverente-
se burlaba del Presidente Quiñonez,
del alcalde Talapo, de Nicho Merlos;
a medio mundo tomaba el pelo
aquel jubiloso Lucifer
con risa hiriente de cascabel
¿recuerdas Claribel?
Por las calles empedradas
aun transitaban los coches
de viejos y tristes caballos;
la gente era ingenua, bondadosa,
llena de candor municipal;
la loca Amparo repartía sombrillazos;
había conciertos en los parques
de la Orquesta Oficial;
escasa pobreza, mucha caridad,
confianza en la palabra de honor
era indigno del hombre ser infiel,
¿recuerdas Claribel?
Pero un día fatal nuestros caminos
se bifurcaron, aún no sé por qué.
Tu amor se marchó a San Miguel,
me dijo tu tía que amparaba
nuestro ardores, nuestras citas,
nuestros temores
¿recuerdas Claribel?
Al Chamorro se fue a Costa Rica.
La brillante primavera desapareció,
pereció el clavel, desfalleció el rosal.
Amigo: la vejez es una brújula cruel.
Ahora con mi bordón de anciano añoro,
añoro ahora la ausencia de Claribel
miércoles, 16 de abril de 2014
Despedida de un viejo lobo de mar (publicado el 1 de junio de 1985, El Diario de Hoy. San Salvador, El Salvador)
Oídme todos vosotros, hermanos en el júbilo y el llanto,
lanzo mi grito final entre el bramar de la tormenta,
¡echad el ancla!¡arriad las velas!¡romped la bitácora!
Mi nave hacia ese horizonte inexorable derivó.
Dejadme finalmente la pipa sin humo,
la triste guitarra acongojada
y aquella antigua ilusión sin nombre.
Soy un pájaro ciego y sin alas
en medio del huracán del mundo...
En efecto y al final de cuentas,
soy un marinero con destino incierto,
soy una fuerza vital que se derrumba,
soy un ensueño que naufraga sin remedio.
Pregunto:
¿Dónde quedó mi rosa de los vientos?
¿Dónde la estrella polar que me extravió?
¿Dónde la isla del tesoro que un día vislumbré?
¿Dónde la sirena dorada que antaño perseguí?
Busco en el viejo cofre fatigado
la bandera que mi juventud sostuvo con fervor
pero solo encuentro el recuerdo del amigo que sucumbió,
el cadáver de una rosa,
una carta añeja de mi padre,
el cariño de mi madre en un escapulario
y los puñales herrumbrosos que el tiempo allí dejó.
Voy a morir en este puerto,
el Puerto de La Libertad,
es la única libertad que conozco; sin embargo aquí voy a morir.
Dejad junto a mí el viejo mapa del pirata,
del pirata que quise ser y nunca fui;
dejadme la brújula del viril empuje que perdí.
Dejadme así, inerme, frente a la tormenta
y que las gaviotas me pongan su mortaja
y un albatros me diga adiós sin esperanzas.
Soy el viejo marinero de un mar inventado,
todo poeta es una marinero y un profeta.
Sin embargo, os dejo mi palabra sangrante entre lo últimos relámpagos
de mi tragedia o de mi comedia ¿no es igual?
Esta es la despedida, el último adiós,
de un derrotado viejo lobo de mar
que agoniza sobre el cadáver de una rosa.
Aquí queda mi grito para la eternidad...
lanzo mi grito final entre el bramar de la tormenta,
¡echad el ancla!¡arriad las velas!¡romped la bitácora!
Mi nave hacia ese horizonte inexorable derivó.
Dejadme finalmente la pipa sin humo,
la triste guitarra acongojada
y aquella antigua ilusión sin nombre.
Soy un pájaro ciego y sin alas
en medio del huracán del mundo...
En efecto y al final de cuentas,
soy un marinero con destino incierto,
soy una fuerza vital que se derrumba,
soy un ensueño que naufraga sin remedio.
Pregunto:
¿Dónde quedó mi rosa de los vientos?
¿Dónde la estrella polar que me extravió?
¿Dónde la isla del tesoro que un día vislumbré?
¿Dónde la sirena dorada que antaño perseguí?
Busco en el viejo cofre fatigado
la bandera que mi juventud sostuvo con fervor
pero solo encuentro el recuerdo del amigo que sucumbió,
el cadáver de una rosa,
una carta añeja de mi padre,
el cariño de mi madre en un escapulario
y los puñales herrumbrosos que el tiempo allí dejó.
Voy a morir en este puerto,
el Puerto de La Libertad,
es la única libertad que conozco; sin embargo aquí voy a morir.
Dejad junto a mí el viejo mapa del pirata,
del pirata que quise ser y nunca fui;
dejadme la brújula del viril empuje que perdí.
Dejadme así, inerme, frente a la tormenta
y que las gaviotas me pongan su mortaja
y un albatros me diga adiós sin esperanzas.
Soy el viejo marinero de un mar inventado,
todo poeta es una marinero y un profeta.
Sin embargo, os dejo mi palabra sangrante entre lo últimos relámpagos
de mi tragedia o de mi comedia ¿no es igual?
Esta es la despedida, el último adiós,
de un derrotado viejo lobo de mar
que agoniza sobre el cadáver de una rosa.
Aquí queda mi grito para la eternidad...
Brevísima biografía de Ramón Hernández Quintanilla
Ramón Hernández Quintanilla. Periodista y escritor salvadoreño, nació en Puerto El Triunfo, Usulután, el 24 de agosto de 1910 (aunque asentado el 31 de agosto de 1910).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)